Paqui Jiménez Malpica


Mi testimonio es sencillo, sentido y muy querido. La música para mí, ha sido siempre algo muy importante. Con ella me dormía cuando era pequeña, y acunaba mis muñecas, con torpe canturreo, propio de mis primeros años; más tarde lo hacía con mis hijos cuando eran muy pequeños, tanto es así, que no se dormían si no era contándoles canciones infantiles, y en acabando una, pedían la siguiente, y así llegaba el sueño.

Esta afición, la llevé hasta mi primer colegio y con cinco años yo cantaba en los teatrillos que se hacían.

Cantar para mí, es algo que me llena de alegría y de paz. Cada canción, la siento como un lenguaje propio del alma que habla al corazón, para dirigirlo a Dios; y pienso que en el cielo, al no ser oral la comunicación entre Dios y las criaturas celestes, sino por transmisión de pensamiento, debe de darse esta comunicación, bajo un fondo musical, como sonido suave de cascada de agua.

He vivido en varios pueblos por la profesión de mi padre, y en todos y cada uno, de una u otra forma, he tenido la oportunidad, de cantar en coros parroquiales. En uno de ellos, recuerdo que el cura dijo a la maestra de párvulos, que no era la nuestra, sino, la que nos adoctrinaba: "debe usted buscar a un adulto para que cante los solos, pues estas niñas, no deben de hacerlos". La profesora cumplió ordenes pero como pudo formó otro coro, ya fuera de la parroquia, donde además de actividades de formación y lúdicas cantábamos.

Todas estas experiencias de mi niñez, y juventud, giran siempre alrededor de la música.

Ya en Baena, en el instituto, un profesor, un profesor, con personas de fuera del centro, y alumnos del mismo, formó un grupo musical, y desde él cantábamos y visitamos varias localidades de la comarca. 

Don Virgilio, párroco de Santa María la Mayor, me encargó, dentro de la catequesis de poscomunión, un grupo de niños de Diez años, he hizo mucho hincapié en que se formara un grupo para la misa de niños. Se formó y fue una bonita y provechosa experiencia. 

Pero aunque todos estos momentos, viven con fuerza en mi mente, cuando alguien me habló del coro Espíritu Santo, formado por alumnos de este colegio, yo sin conocerlo, ni oírlo, en mi creció un gran interés. Sabía que no era un coro cualquiera, ni tampoco era un coro como los que había conocido y formado parte, pues su componentes eran personas muy preparadas en cuestiones de canto e instrumento y a la voz de un director muy técnico. 

Mi interés crecía, pero no tenía oportunidad de verlo, pues sus actuaciones, eran prácticamente en privado; ante esto yo me dije: ¡olvídate!, este coro en mucho para tí, no eres digna de estar en él, máxima conociendo a varios miembros del mismo y sus preciosas voces, y lo bien que tocaban los instrumentos, y eso que no los había escuchado en su conjunto. ¡Inalcanzable para mí!.

La primera vez que les vi actuar, fue en la puerta de la iglesia de Guadalupe, fue espectacular, que momento más inolvidable, como sonaban sus voces. Había mucha gente y no me permitían verlos bien, solo los oía, pero era tan armonioso, que disfruté y me quedé allí hasta que recogieron y se marcharon. Llegué a casa y lo conté. ¡Qué bonito lo que he vivido! ¡Qué ilusión si yo estuviera ahí!, dije a mí marido. 

Más tarde, en un concierto pude verlos y oírlos más de cerca, y fui conociendo y escuchando las voces de todos sus miembros. Los vi en alguna misa y desde mi sitio al conocer algunas de las canciones que cantaban ellos, yo las iba cantando bajito, para no estropear lo bien que lo hacían, y con eso yo me conformaba y era feliz. Es a lo que yo podía aspirar, pues pensaba que un director tan bien preparado, no podía admitirme a mí. 

En una misa de principio de curso, los vi y estaban muy cerquita de mí y antes de comenzar la eucaristía, el director me dijo: "Paqui tengo que hablar contigo". Yo pensé que se trataba de algo de la catequesis y ahí me quedé. 

Canté con cautela como siempre, y me sentí como si estuviera con ellos, fue muy emotivo. Pero al terminar la misa, me dijo de nuevo el director: "Paqui ¿cuándo te vas venir con nosotros?" Me quedé de una pieza, se me bloqueó la mente, no esperaba esto; ¿a mí, el director del coro Espíritu Santo, me pedía entrar en el coro? No sabía que decir, y como si de una fuerza enorme me empujara, atiné a decir: "pues ya estoy".

Sentí mucha alegría, y di gracias a la Virgen y al Espíritu Santo, porque estoy segura de que ÉL fue el que me impulsó a decir lo que dije. 

Y de esta forma tan sencilla y fácil, mis sueños se hicieron realidad, y empecé a vivir dentro de esta familia musical, donde no solo hay un espíritu cristiano que nos une, sino unos valores cristiano, que se cuidan y circulan de unos a otros. 

El afecto que nos tenemos, el organizar todo, teniendo en cuenta a cada uno, el ambiente sano, sincero y espontaneo que se crea y sobre todo la alegría, la chispa graciosa que salta de vez en cuando y que nos lleva a la risoterapia, hoy tan preciada y necesaria.

El coro para mí, dentro de la formalidad y seriedad que requiere esta actividad, es un espacio de crecimiento personal y cristiano, además de ser un medio que nos lleva a DIos a través de nuestros cantos.

Todo lo que imaginé estaba en él, pero una vez ya dentro he comprobado mucho más, pues cada uno de sus miembros es imprescindible y necesario para el éxito del otro, de tal manera que la grandeza de nuestro coro, radica en lo que cada uno pone con su presencia y sobre todo sus dones, ya que nuestras canciones, solo pretenden llevar a Dios al corazón de la gente, y proclamar con alegría que Cristo es el Señor y vive dentro de cada uno de nosotros. 

He aprendido mucho de todos, pues además de haberme acogido con gran cariño, me habéis dado seguridad, ilusión y confianza, tanto es así que hasta he llegado a hacer solos que para mí me daba cortedad. 

Sois un regalo de Dios para mí.

Es una gozada venir a los ensayos y convivencia, compartiendo los detalles que tenéis, las jornadas de formación, que Mari Carmen se curra bien, y nos deja como nuevos; las oraciones ante el Santísimo, las misas dominicales y como no las visitas oportunas de Sor Alegría, Sor Rosario para los amigos.

Por todo esto y sobre todo por vosotros, especialmente el director, tan joven y moderno, por lo bien que nos corrige y nos trata, doy gracias a Dios. 

También doy gracias a la Santísima Virgen, bajo cuya protección estamos cada uno de nosotros. Es la que nos anima y nos cuida y la primera, que nos aplaude y bendice, después de cada actuación y sobre todo cuando dice a su hijo, como lo hizo en Caná: "dadles a estos hijos míos lo que necesiten, pues todas sus canciones van dirigidas al cielo". Cierro este testimonio llena de agradecimiento y cariño hacia todos y cada uno de vosotros.

         

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